[RSArchive Icon]
Rudolf Steiner Archive Section Name Rudolf Steiner Archive



La Filosofia de La Libertad

Puesto on-line: 25th octubre 2006

XIV

INDIVIDUALIDAD Y ESPECIE

La opinión de que el hombre está destinado a llegar a ser una individualidad completa, autosuficiente y libre, parece estar en contradicción con el hecho de que él se encuentra como miembro dentro de un todo natural (raza, pueblo, nación, familia, sexo masculino y femenino), y que también actúa dentro de un todo (Estado, iglesia, etc.). El hombre posee las características generales de la comunidad a la que pertenece, y que da a su actuar un contenido condicionado por la posición que él ocupa dentro de la sociedad.

¿Es aún posible, con todo esto, la individualidad? ¿Podemos considerar al hombre como un todo en sí mismo a pesar de que se desarrolla dentro de un todo y de que forma parte de un todo?.

Las cualidades y funciones del miembro de un todo están determinadas por este todo. Un pueblo es un todo, y todos los hombres que pertenecen a él llevan las características inherentes a la naturaleza de ese pueblo. La constitución de cada individuo y cómo se conduce está condicionado por el carácter del pueblo. Por ello, la fisonomía y el actuar del individuo contiene algo genérico. Si preguntamos por qué razón esto y aquello son de esa o de aquella manera en el hombre, tenemos que pasar del individuo a la especie. Esta nos explica por qué algo de él aparece de la manera que nosotros observamos. El hombre, sin embargo, se libera de la especie. Pues lo genérico del hombre si lo vivencia correctamente, no restringe su libertad ni debe restringirla artificialmente. El hombre desarrolla cualidades y funciones dentro de sí mismo, cuyas causas determinantes sólo pueden buscarse en él mismo. Lo genérico le sirve solamente de medio para expresar su naturaleza particular. Utiliza las características que la naturaleza le ha dado como base y les da la forma adecuada a su propio ser. Buscamos, por lo tanto, en vano en las leyes de la especie la causa de su forma de expresión. Nos encontramos ante un individuo que sólo puede ser explicado por sí mismo. Si un hombre ha logrado liberarse de lo genérico, pero intentamos, sin embargo, explicarle en términos del carácter de la especie, es que no tenemos capacidad para comprender lo individual.

Es imposible comprender a un hombre si, para juzgarle, nos basamos en un concepto de especie. Donde encontramos más arraigado el juicio basado en la especie es en lo tocante al sexo. Casi siempre el hombre ve en la mujer, y la mujer en el hombre, demasiado poco de lo individual. En la vida práctica esto perjudica menos al hombre que a la mujer. La posición social de la mujer es la mayoría de las veces tan indigna, porque en gran parte no está determinada por las características de la mujer individual, como debería ser, sino por las representaciones generales que uno tiene sobre las funciones naturales y las necesidades de la mujer. La actividad del hombre en la vida está determinada por sus capacidades e inclinaciones individuales, mientras que la mujer está condicionada exclusivamente por el hecho de que es mujer. A la mujer se la considera como esclava de la especie, de lo femenino genérico. Mientras los hombres sigan discutiendo si la mujer “por su disposición natural” está dotada para esta o aquella profesión, la llamada “cuestión feminista” no podrá salir de su estado elemental. Lo que la mujer, según su naturaleza pueda querer hacer, debe dejarse que lo juzgue la mujer. Si es verdad, que la mujer solamente tiene capacidad para la actividad que actualmente se le reserva, difícilmente llegará por sí misma a conseguir otra. Pero tienen que poder decidir por sí mismas qué es lo que corresponde a su naturaleza. A quienes temen una conmoción de las condiciones sociales si se considera a la mujer, no como un representante de la especie, sino como un individuo, hay que responderles que unas condiciones sociales en las que la mitad de la humanidad lleva una existencia indigna del ser humano, tienen precisamente mucha necesidad de ser mejoradas.1

Quien juzga a los hombres según su carácter como especie llega sólo hasta el punto a partir del cual comienzan a ser seres cuya actividad descansa en la libre autodeterminación. Lo que queda por debajo de este nivel puede, naturalmente, ser objeto de observación científica. Las características de las razas, pueblos, naciones y sexos forman el contenido de campos científicos especiales. Sólo los seres humanos que quisieran vivir exclusivamente como ejemplares de la especie podrían ajustarse a una imagen general similar a la que surge de la observación científica. Sin embargo, ninguna de estas ciencias puede penetrar hasta el contenido particular del individuo. Allí donde comienza la esfera de la libertad (del pensar y del actuar) cesa la determinación del individuo según las leyes de la especie. El contenido conceptual que el hombre, a través del pensar, tiene que relacionar con la percepción para alcanzar la realidad completa (ver cap. V), no puede ser fijado de una vez por todas, y legarse ya acabado a la humanidad. El individuo tiene que formar sus conceptos por medio de su propia intuición. De un concepto genérico de la especie no puede deducirse cómo tiene que pensar el individuo. Depende única y exclusivamente del individuo. Y tampoco se puede determinar de las características humanas generales, qué fines concretos desea el individuo proponer a su voluntad. Quien quiera comprender al individuo en particular tiene que penetrar hasta su naturaleza individual y no quedarse en las características típicas. En este sentido, cada hombre es un problema. Y toda ciencia que se ocupa de pensamientos abstractos y conceptos genéricos es sólo una preparación para ese conocimiento que obtenemos cuando una individualidad humana nos comunica su manera de contemplar el mundo, y para ese otro conocimiento que adquirimos a partir del contenido de su querer. Cuando tenemos la sensación de que se halla ante nosotros aquella parte del hombre que está libre del modo de pensar típico y del querer de la especie, tenemos que prescindir de todo concepto de nuestra mente, si queremos comprender su naturaleza. La cognición consiste en la unión del concepto con la percepción por medio del pensar. Con todos los demás objetos el observador tiene que adquirir los conceptos por medio de su intuición; pero para la comprensión de una individualidad libre, sólo se trata de acoger en nuestro espíritu los conceptos por los cuales se determina a sí misma, (sin mezclarlo con nuestro propio contenido conceptual). Los hombres que en cada juicio de otra persona inmediatamente mezclan sus propios conceptos no pueden llegar nunca a la comprensión de una individualidad. Así como la individualidad libre se libera de las características de la especie, también el conocimiento tiene que liberarse de la manera que tenemos de comprender lo genérico.

Sólo en la medida en la que el ser humano se haya liberado de lo genérico, tal como lo hemos caracterizado, puede ser considerado como espíritu libre dentro de una comunidad humana. Ningún ser humano es totalmente especie, ninguno totalmente individual. Pero todo ser humano libera gradualmente una esfera mayor o menor de su ser, tanto de lo genérico de la vida animal, como de las leyes de autoridad humana que le dominan.

En cuanto a aquella parte de su ser en la que el ser humano no es capaz de conquistar la libertad, constituye un miembro dentro del organismo natural y espiritual. A este respecto vive tal como ve hacerlo a otros o como éstos se lo ordenan. Un valor ético verdadero sólo lo tiene aquella parte de su actuar que emana de sus intuiciones. Y lo que tiene como instintos morales, heredados de los instintos sociales, adquiere un valor ético si lo incorpora a sus intuiciones. Toda la actividad moral de la humanidad proviene de las intuiciones éticas individuales y su incorporación a las comunidades humanas. En otras palabras: la vida moral de la humanidad es la suma total de lo producido por la imaginación moral de los individuos humanos libres. Esta es la conclusión del monismo.





El archivo de Rudolf Steiner se mantiene cerca:
El e.Librarian: elibrarian@elib.com
[Spacing]